jueves, 6 de marzo de 2008

Llueve...


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Llueve.
El cielo se ha desgarrado en una lluvia impaciente y limpia
para regar las cerezas de la novia de pelo rojo. Rojo como las cerezas.
El ramo, verde y rojo, rojo de infinito rojo,
se empapa de gotas que borran el ansia de la sed.
Ella espera, las cerezas de su pecho erizadas de lluvia brillante.
Por sus velos transparentes revolotean libélulas de agua que sacia,
que moja el lecho que espera ser mojado.
Y las cerezas crecen en el lecho.
Y el rojo y el azul y el verde
y los frutos y los cuencos y el cabello encendido de la novia
se funden en un lienzo de color, de humedad y de espera.
Ella espera.
Los frutos ya están en sazón
los latidos de su vientre marcan el compás.
También ella está en sazón.
Mientras, muerde una de las cerezas
y un jugo rojo y tibio
resbala lentamente por sus labios y su
cuello desnudo.

ZAXANAERCIS

domingo, 2 de marzo de 2008

A Morgana


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Siento las flechas de la luna roja del atardecer
traspasando una a una mis vísceras,
llenándolas de roja sangre caliente hasta empaparlas como esponjas
que vierten el líquido viscoso en mis venas y arterias,
en mis oquedades y mis sienes,
en mi vientre,
en mis senos, en mi pubis y en mi piel,
toda mi piel,
toda ella renacida con sangre de joven virgen,
trasparentando el rojo.
el rojo infinito.

domingo, 25 de noviembre de 2007

Palabras para tu nombre















Hay una isla que lleva mi nombre.
Mi nombre en la saliva espumosa que araña sus playas.
Mi nombre en el viento que lame y transforma sus dunas.
Mi nombre en el eco de otros nombres de otros hombres,
de otros tiempos.
Soy el volcán de la isla que lleva mi nombre.
Cenizas y lava muerta.
Dentro, muy dentro, donde ya sólo la memoria cuenta
ruge la vida en el volcán.
Vida de horas encendidas,
rojo incandescente y líquido,
líquido de magma glorioso que se derrama, a borbotones,
con el lejano recuerdo de una tierra fertilizada por
roces de manos sabias
y de labios, de sabores de labios encendidos.
Rojo incandescente y líquido y líquido.
Soy el albatros que la sobrevuela.
La escudriña. La otea.
Por si acaso. Por si todavía, por si aún la posibilidad
de un todavía.
...Todavía, quiero pensar, borrando espesas telas de araña,
que soy la isla que lleva mi nombre, allí donde los bejucos verdes de fluor y de savia nueva y fresca se mezclaban con las bayas carnales, rojas y abiertas y cantaban mi nombre, glotones,
mi nombre de magma sabroso y frutas maduras.
Cuando todo era aun posible.
Hay un rincón en la isla que lleva mi nombre y yo pinté para ese rincón un fondo de cielo azul cobalto, de luna grávida y estrellas de plata. Y un león errante y solo que vela el silencio de los párpados cerrados
y un lecho de arena ocre y fina,
dulce como el roce de unos dedos en mi vientre,
uterino y cálido como el líquido amniótico de la vida,
placentero, mullido y reposado como el reloj que ha cesado en su tic-tac de las horas.
Y en ese lecho soy yo la figura yacente sobre almohadas de plumas blancas
y oigo crecer la hierba y siento la reverberación de la espuma,
y amo el volcán sin ceniza,
y sueño sueños de bejucos y bayas encarnadas,
y vuelo como el albatros
y el entonces y el todavía
y la memoria y los ecos ya no son palabras desligadas.
Y ahí siento la vida. Que palpita. Que late. Que mana, generosa.
Y esá, la que yo soy
la que fui y la que seré
vive esa vida. Yo vivo. Yo vivo mientras duermo
Mientras duermo vivo.
Vivo mientras sueño.
A Infinito Rojo

Por una tarde y muchas palabras,
por unas cervezas y un dossier de fotos bellísimas.

Noviembre 2007

lunes, 5 de noviembre de 2007

De todas ...


http://infinitorojo.blogspot.com/

De todas las calderas del infierno
De todas las explosiones nucleares
De los infinitos átomos del sol
Del níquel y el hierro del centro de la tierra.
De todas las algas más raras del fondo del mar
De todas las serpientes rojas e indómitas
De todos los tintes anaranjados de la naturaleza
De cobre fundido
De luz de atardecer
De viento del desierto soplando furioso
De ígneas mareas dominadas por la luna
De todos los fuegos, de todos...
De eso está hecho tu pelo.
Virgen desnuda,
sólo las lenguas rojas de tu melena
te cubren y te abrigan.
Piensas.
Te quedas en silencio
apoyada en la transparencia de un cristal que exhibe aún más tu expuesta desnudez,
tu desnudez azul
tu desnudez sin pudor,
de tan púdica.
Piensas.
Tu pecho se mantiene erguido
y tu mano reposa sobre el cristal.
Piensas
Y sólo el torbellino de fuego de tu pelo salvaje
se agita y se conmueve.
Virgen azul,
Mujer-sirena de ojos acuosos,
mirada extraviada y remota.
Piensas y la gran explosión del primer día
despeina tu cabello,
mecido por todos los vientos,
regado por todas las lluvias,
tu cabello, de incandescente materia viva


ZAXANAERCIS

martes, 19 de diciembre de 2006

Pequeño homenaje a una mujer de grafito y lienzo.




http://misseres.blogspot.com/2006_12_01_archive.html

Ya no es muy joven; lleva el pelo largo, largo y lacio cayéndole sobre la espalda. Aros en las orejas, un bolsito colgado al hombro y un top diminuto, demasiado ceñido, que muestra su ombligo y apenas tapa sus pechos como de silicona. Es huesuda, hombro, brazo y clavícula marcados y al final del brazo una mano enormemente larga y fina de uñas cuidadas sosteniendo con languidez un cigarrillo.
Mira de frente, un ligero rictus desde la nariz hasta la boca empieza a marcársele. Finalmente, sus ojos. Lo indescriptible. Enormes, abiertos, perezosamente abiertos. Si te sumerges en ellos puedes ver o tratar de ver o de intuir lo que los ha hecho así, lo que les dio esa expresión, tan suya, tan firme y tan perdida. Como de presa fácil, pero sólo aparentemente fácil, sólo aparentemente. Es mi puta triste. Eso me dicen sus ojos y su escote.
Es la mujer que me hipnotiza, la que miro y contemplo durante minutos casi todos los días.
Ha tenido una vida, ya lo creo que ha tenido una vida; primero de hadas y brujas de cuento, de gritos alborozados de niña, pero una niña que se escapaba sola de vez en cuando a un banco apartado desde donde mirar, sólo mirar.
Seguro que ha tenido una vida como la de todo el mundo, pero reciclada en su cabeza, pasada por el tamiz particular de sus luces y sus sombras.
Ha habido muchos hombres y los seguirá habiendo, lo dicen sus caderas firmes y su vientre plano y sus labios hinchados y carnosos de carmín rojo. Pero hubo uno, sí, hubo uno que le marcó los ojos y se los dejó fijos en un punto lejano de brasas ardiendo y lágrimas de bilis de donde ya no los puede rescatar. Después muchos otros, sólo carne o carne y algo de ternura, hubo palabras para ella, algún susurro de falsa entrega, hubo polvos rápidos y rapaces y noches de invierno donde brazos ajenos, que desaparecerían al amanecer, le quitaban el frío de momento, el frío del cuerpo y el de las pupilas.
Su grito, el grito, el gran grito de su vida lo lleva dentro, pero no lo suelta, no se desgarra, lo asume y lo guarda en ese trozo de su cerebro donde residen su inteligencia y su fatalidad.
Se mira, se gusta, se retoca, se perfila, mueve la melena y sale a la calle. Su vida sólo la reconoce ella; para los demás es esa medio puta, más sobada que un colchón de lana, pero aún muy aprovechable. Para mí es mi puta, mi puta que no cobra nada a cambio, mi puta que sale sola cada noche a cazar para no caer en la tentación de cazarse a sí misma.
Es mía y la tengo en mi cuarto. Alguien la creó y me la regaló; desde donde mires, siempre la ves, a ella, a mi puta triste.